








El proceso creativo del pintor Saul Riquelme puede nacer desde un sueño profundo que el artista experimenta. Este sueño, que logra retener en su memoria, se distorsiona y humaniza al despertar. Con la idea principal ya identificada, el pintor inicia una búsqueda de personajes, elementos y ambientes que mejor representen esa idea matriz. Estos componentes son transformados y llevados a una herramienta de edición digital o manual, donde se recortan, modifican, distorsionan, componen y crean el boceto oficial, que servirá de base para su traslado al lienzo. A medida que avanza la pintura, la obra experimenta un proceso de transformación, adquiriendo personalidad, identidad y evolución, hasta alcanzar su final momentáneo o definitivo, según la satisfacción que esté viviendo el pintor en ese momento.
